¿Por qué los niños juegan tanto a las maquinitas?

July 3, 2016

 

“Probablemente la «adicción» del niño a la consola no sea sólo cosa de este, sino el resultado de sumar un niño aburrido, una actividad poco molesta y una falta de alternativa real. Si realmente está preocupado por la cantidad de tiempo que su hijo dedica a los videojuegos, intente que pase menos horas jugando porque tenga UNA ALTERNATIVA REAL. No es cuestión de limitarles el tiempo de juego, sino de ofrecer otra cosa que hacer. Puede planteárselo incluso como un reto para usted mismo: disminuir las horas de videojuego haciendo que se interese por otras actividades”

“Visto todo lo anterior, queda claro que yo no pienso que los videojuegos sean malos. Es más, tampoco pienso que jugar mucho con ellos sea malo. Otra cosa es aceptar cualquier videojuego (…) La industria del videojuego se gasta millones en hacer artículos que puedan venderse, por lo que hay infinidad de juegos que pasarían nuestro filtro sin mayor problema. Como siempre, se trata de implicarse un poco, averiguar lo que gusta a nuestro hijo y valorar los pros y los contras teniendo en cuenta también su punto de vista”
Rosa Jovè

 

Niños abducidos por consolas, móviles, tablets, … ¿os suena? Los padres estamos deseperados porque parace que nuestro hijo va a convertirse en un adicto como esos adolescentes asociales en Japón y cada día se publican sesudos estudios sobre las neuronas que se pierden con tanta pantallita. ¿Qué hacemos? ¿Simplemente fastidiar a los niños y quitarles algo que les gusta tanto?

La experta en crianza con sentido común y desde el respeto, y autora de libros de éxito Rosa Jové reflexiona en este texto sobre la supuesta adicción de los niños modernos a las pantallas desdramatizando la situación, poniéndola en el verdadero contexto, tirando de las orejas a los padres y ofreciendo alternativas realistas para una convivencia feliz en el hogar: buenas elecciones de videojuegos, flexibilidad y diálogo.

Estos son sus planteamientos y consejos, tan irreverentes como sensatos y útiles:
(tomados del libro “Ni rabietas ni conflictos”*)

 

LOS CONSUMIDORES DE PANTALLAS


A esta edad los niños (también las niñas) se convierten en verdaderos consumidores de pantallas. Este título, visto así, está exento de connotaciones negativas, y por eso me gusta emplearlo. En la consulta, los padres usan una expresión que ha hecho fortuna por lo simple que es: «Se pasa el día pegado a la Play». Y con esto ya está todo dicho. Con esta frase resumen un montón de quejas sobre lo que el niño deja de hacer por estar ocupado en algo que creen totalmente inútil, cuando no estúpido, como es jugar a los videojuegos.

No es verdad que se pasen el día pegados a la pantalla de la videoconsola. Si están escolarizados, durante la semana sólo pueden jugar de 17.30 a 21.30, por poner unos límites amplios. Pero, además, en esta franja horaria tienen que merendar, realizar las actividades extraescolares, bañarse, cenar, hacer deberes, ver la televisión y más cosas que seguro que hacen. Por tanto, no son tantas horas pegados a la Play, ni es todo el santo día, como dicen muchos padres.

Vamos a desmitificar algunas ideas sobre los videojuegos antes de que piense que tiene un problema muy grave con su hijo.

 

1. Los videojuegos les gustan


Es verdad. Al fin y al cabo son juegos y a los niños les gusta jugar. Supongo que son muchas las variables que hacen que a los niños les gusten los videojuegos, pero lo que sí sabemos es que están diseñados para gustar a los niños. La industria del videojuego mueve millones de euros y de dólares, incluso más que la del cine.

Detrás de muchas pantallitas estúpidas hay ingentes estudios de mercado, prospecciones, pruebas de imagen, prospección de de logos, guiones, actores, localización de exteriores, estudios de moda, estudios de marketing y millones y millones de euros invertidos para acabar creando un simple videojuego. Es decir, están hechos para gustar a los niños, que son los que van a acabar decidiendo cuáles quieren que sus padres les compren. Pretender que nuestros hijos sean inmunes a estos encantos es poco realista.

Además, hay tal cantidad de tipos de videojuegos en el mercado que es difícil que no encuentren alguno que les guste. Desde juegos de deportes (fútbol, baloncesto, atletismo), de rol, de fantasía, de puzles, de ingenio, de ciencia, simuladores, carreras de coches… Los niños van a encontrar el tipo de videojuego que les seduce y al que les gusta jugar. Sobre la conveniencia de cada tipo de juegos, ya hablaremos un poco más adelante.

 

2. Los videojuegos enganchan


Probableme actitud negativa frente a los videojuego provenga más del desconocimiento que de una maldad intrínseca del producto.

Hace más de cuatrocientos años, un genio de las letras, don Miguel de Cervantes, escribía la historia de un personaje que enloqueció por haber leído demasiados libros de caballerías. Ahora puede sorprendernos que alguien pensara que se podía enloquecer sólo por leer. Quién sabe si en el futuro también se reirán de nosotros por pensar que alguien pueda enloquecer por jugar demasiado a los videojuegos. Sé que hay centros de tratamiento para adictos a los videojuegos, pero estoy convencida de que jugar a videojuegos no es la causa, ni tan sólo la causa principal de que esas personas se enganchen a la pantalla. También hay adictos al sexo y al trabajo y no por eso vamos a prohibirlos.

La única razón de que los videojuegos enganchen es porque les gustan, pero por sí mismos no pueden hacerlo más de lo que lo hace una buena novela. Por cierto, el día en que se ponía a la venta la tercera entrega de una trilogía de misterio, superventas en todo el mundo, de un autor sueco ya fallecido, unos padres llegaron a la consulta tarde porque «habían tenido que parar a comprar el libro».

 

3. Es preferible leer


Muchos padres me confiesan que preferirían que sus hijos leyeran en lugar de jugar. Bien, la única diferencia que le encuentro es que con la Play haces más ejercicio con las manos. Al fin y al cabo, las dos son cosas se hacen individualmente (bueno, en la Play puedes jugar con amigos, mientras que con el libro no), hay que posar los ojos en una superficie plana, utilizas la imaginación, y tanto en el libro como en la Play puedes leer, aprender idiomas, hacer ejercicios…

¿Dónde está la diferencia? Además, como ya hemos visto, hay padres que se enganchan a novelas y a series de televisión más que sus hijos.

 

4. Tienen pocas alternativas de ocio


Volvamos al inicio del problema: «Mi hijo está enganchado al videojuego de la Fórmula 1». Pues nada, habrá que cambiar esta situación. Damos la razón a los padres y le decimos al niño:

«Mira, para que no te pases todo el día con la Play, deberías bajar a la calle a jugar con tus amigos al fútbol. Ah, que no puede ser porque vivís en la Gran Vía, pasan los coches a más de 50 km/h y apenas hay aceras. Vaya… pues nada. Ve con tus amigos al parque a jugar a fútbol, que no hay coches. Ah, que a partir de las seis ya es de noche y tus padres tienen miedo de que estés fuera de casa. Vaya… pues nada. Queda con tus amigos en la casa de alguno para jugar en el jardín, bien vigilados. Ah, que no puedes quedar con tus amigos porque vivís alejados unos de otros, porque la casa de ninguno tiene jardín y porque los padres no os pueden llevar y traer cada tarde. Vaya… pues nada. Mira, quédate en casa jugando a la pelota en el pasillo con tu hermano. Ah, que no puedes jugar con tu hermano porque no tienes (o es demasiado pequeño o demasiado mayor) y que no os dejan jugar en el pasillo porque las cosas se rompen o metéis demasiado ruido. Vaya… pues nada. Siempre puedes jugar a construcciones en tu habitación. Ah, que no te da tiempo más que para preparar el terreno y ya tienes que ordenarlo para ir a dormir. Vaya… pues nada. Bueno, puedes coger un libro y leer, aprender idiomas y música, ayudar en casa. Ah, que esto no es jugar. No, claro. Oye,¿qué tal si les pides a tus padres que te dejen jugar a un juego sin molestar, sin desordenar, sin ensuciar, sin salir de casa y sin posibilidad de que te hagas daño? Ah, ¡que ningún problema! Perfecto. Se llama videojuego. Si no les gusta, pídeles alternativas reales, no buenas intenciones».

 

5. Ayuda a los padres en el día a día.


Lo mismo del párrafo anterior sirve también aplicado a los padres. Piense lo complicado que es ofrecer alternativas de ocio diario a los niños en las condiciones actuales, con las limitaciones que sufrimos todos: de espacio, de tiempo, de dedicación, de conocimientos… Es muy probable que al principio hayan sido los propios padres quienes hayan alentado a sus hijos a jugar con los videojuegos, ya que eran las únicas horas de tranquilidad en la casa, cuando el niño estaba jugando con la tele.

Como el ser humano tiende a repetir las conductas gratificantes y a evitar las desagradables, probablemente la «adicción» del niño a la consola no sea sólo cosa de este, sino el resultado de sumar un niño aburrido, una actividad poco molesta y una falta de alternativa real. Si realmente está preocupado por la cantidad de tiempo que su hijo dedica a los videojuegos, intente que pase menos horas jugando porque tenga una alternativa real. No es cuestión de limitarles el tiempo de juego, sino de ofrecer otra cosa que hacer. Puede planteárselo incluso como un reto para usted mismo: disminuir las horas de videojuego haciendo que se interese por otras actividades.

 

6. Podemos usarlos para educarlos


Hay varias opciones. Una es ayudarles a escoger juegos que tengan un importante componente educativo. No me refiero únicamente a aquellos que enseñan idiomas, o a los que son como concursos de palabras, cálculos, conocimientos y demás, sino que los hay que obligan a pensar y a diseñar estrategiasmás que simplemente apretar el acelerador o disparar a todo lo que se mueve.

Está demostrado que los niños que practican ajedrez tienen un mejor promedio de notas que los que no lo hacen. El ajedrez es un juego de atención, estrategia y táctica. Hay muchos videojuegos con estas características. Otra opción es aceptar que los videojuegos son parte de la vida de nuestros hijos y que, por tanto, les gusta comentarlos. Podemos escucharles cuando hablan de que les ha ido bien o mal tal carrera o de que les han acorralado y matado en un callejón virtual o de que no saben si es mejor invertir en plataformas de petróleo o en turismo interespacial.

 

Hablen de lo que hablen, tenga mucho sentido o no para nosotros, es nuestro hijo el que habla y se proyectan él y su entorno en todo lo que dice. Podemos usar su interés en algo (por virtual que sea) para hablar con él y entender su forma de ver el mundo, y para hacerle entender cuál es nuestra forma de verlo. Más aún, para demostrarle que nos importa lo que dice y lo que opine, aunque tanto nosotros como él sepamos que habla de algo de lo que no tenemos ni idea.

 

Visto todo lo anterior, queda claro que yo no pienso que los videojuegos sean malos. Es más, tampoco pienso que jugar mucho con ellos sea malo. Otra cosa es aceptar cualquier videojuego. Algunos son objetivamente inadecuados para los niños: con extrema violencia, situaciones de sexo explícito, lenguaje claramente inconveniente, etc. Es obvio que no recomiendo este tipo de juegos. Pero volvemos a lo de antes. La industria del videojuego se gasta millones en hacer artículos que puedan venderse, por lo que hay infinidad de juegos que pasarían nuestro filtro sin mayor problema. Como siempre, se trata de implicarse un poco, averiguar lo que gusta a nuestro hijo y valorar los pros y los contras teniendo en cuenta también su punto de vista.

 

Vivimos en el mundo que vivimos y esto tiene difícil arreglo. Si tiene miedo de que su hijo se pase el día enganchado a la Play, no sabe la que le espera. En la adolescencia siguen enganchados a las pantallas, pero ya no de videojuegos sino de redes sociales. Es parecido a lo anterior pero con el añadido de que ya no es un entorno seguro. Sería una postura inteligente acostumbrar a los hijos a compartir con la familia lo que sucede tras la pantalla y que los padres se impliquen más en lo que hacen los niños con su ordenador o su consola. Como siempre, nuestros hijos tenderán más a hacernos partícipes de sus peripecias en la red si hasta entonces les hemos demostrado que lo que nos explican nos interesa, aunque no dominemos el entorno del que están hablando.

 

Una última reflexión: muchos padres creen que los videojuegos actúan en detrimento de la lectura. No es así: en primer lugar, hay niños que hacen las dos cosas y, en segundo lugar, en muchos videojuegos las instrucciones son escritas y «obligan» a los niños a leerlas. Ángel Gabilondo, ministro de Educación, ya lo dejaba claro en unas declaraciones a Europa Press en noviembre de 2010: «Ya vaticinamos en su día el enorme peligro del ferrocarril, que iba a destruir los valores de Occidente. No vaticinemos que las nuevas tecnologías significarán el final de la lectura».

Rosa Jové

 

Fuente: http://www.elblogalternativo.com/2013/02/27/por-que-los-ninos-juegan-tanto-a-las-maquinitas-y-que/

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