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El espiral simboliza el proceso de crecimiento y evolución. Representa el proceso de volver al mismo punto una y otra vez, pero en un nivel diferente, en el que todo se ve con una nueva luz.

 

La caracola es una de las manifestaciones más bellas en la naturaleza de la forma espiral presente en todo el universo. Por su sentido de integración y evolución la hemos escogido como logotipo de este proyecto.

 

Desde las épocas más antiguas, la humanidad se ha sentido fascinada por el movimiento en espiral, que consiste en una rotación hacia un punto central o el recorrido inverso. En todas las culturas antiguas, el espiral, que es la forma natural del desarrollo y movimiento, ha sido un símbolo del viaje hacia la vida eterna. La forma espiral se utilizó como símbolo místico de la búsqueda del alma de su liberación, representando el camino que girando, iba al centro de lo divino.

La espiral y la caracola

El cuerpo humano también contiene la triple hélice del cordón umbilical, formado por dos arterias y una vena. Las huellas dactilares, las glándulas sudoríparas y los folículos pilosos, así como la estructura torsionada de algunos huesos también evocan la misma forma, que asimismo observamos en las olas que culminan enroscándose, en las conchas de los caracoles, el movimiento de los ciclones o tornados y las curvas espirales divergentes o centrífugas de las galaxias.

 

En las culturas precolombinas, el dios de la lluvia, Tlaloc era representado saliendo de la boca de un caracol gigante, y Quetzalcóatl estaba estrechamente relacionado con caracoles marinos. Para los mayas , el solsticio de invierno era el momento cero en su cosmología y la espiral simbolizaba ese origen.

 

El antiquísimo símbolo del Yin y Yang, es también una forma de espiral que carece de principio y fin. Todo se expande y multiplica, dando origen a la dualidad, para regresar de nuevo a la divinidad, una vez finalizado el proceso.

Podemos imaginarnos el descenso de esta forma espiro-helicoidal desde el espacio, representando así el recorrido que efectúa la energía universal para que, atravesando distintos planos, niveles y estadios del Cosmos, en su descenso se convierta en energía cada vez más densa, hasta alcanzar el estado de la materia, tal y como la conocemos. Si el recorrido es efectuado en un sentido inverso -es decir, ascendente-, representará entonces la evolución.


“El Dragón del Conocimiento” o “la Serpiente de la Sabiduría” , aparecen con frecuencia enroscados en las columnas de algunos templos, partiendo de su base, que es la representación de lo físico y material, para ir subiendo en una lenta ascensión hacia lo superior y lo trascendente.

La caracola y la proporción áurea

La caracola es una figura que contiene la proporción áurea, la que grandes creadores de todos los tiempos han vinculado a la expresión del orden armonioso de la naturaleza, y a cómo el ser humano está en armonía cuando sintoniza con ella. Por esto la caracola fue escogida como símbolo el proyecto de ‘Convivencia Ciudadana en Luna Llena’.

 

La proporción o sección áurea es considerada la divina proporción, significando que ella encarna la perfección de la creación divina. En su libro Los Elementos (300 a. C.), Euclides demostró la proporción que Platón había denominado «la sección», y que más tarde se conocería como «sección áurea». En ella se fundó en gran parte el arte y la arquitectura griegos. Ella corresponde a una ratio o división entre longitud y anchura que responde a la proporción de aproximadamente 1,618.

Lo que está detrás de la proporción áurea es que la perfección y la belleza responden a un orden que se expresa en las matemáticas. y que el cosmos está estructurado siguiendo ese orden.

Así, en la naturaleza, como en el organismo humano se manifiesta la armonía de la Sección Áurea, y el hombre, siguiendo esta proporción crea espacios pictóricos, arquitectónicos o musicales armónicos.

Luca Pacioli, amigo de Leonardo da Vinci, escribió un tratado crucial sobre la Sección Áurea, titulado De divina proportione. El uso de la Sección Áurea es evidente en las obras principales de Leonardo.

 

Como Pitágoras, Leonardo hizo un estudio en profundidad de la figura humana, demostrando que todas las partes fundamentales guardaban relación con la Sección Áurea. Se ha dicho que la gran pintura inacabada de Leonardo, San Jerónimo, que muestra al santo con un león a sus pies, fue pintada en un intencionado estilo para asegurarse de que un rectángulo dorado encajara perfectamente alrededor de la figura central. También el rostro de la Mona Lisa encierra un rectángulo dorado perfecto.

Una de las formulaciones de la proporción áurea es la secuencia de Fibonacci, que comienza por: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13…, donde cada término es la suma de los dos anteriores, y para cualquier valor mayor que 3 contenido en la secuencia, la proporción entre cualesquiera dos números consecutivos es 1,618, o Sección Áurea. Una representación geométrica de la secuencia de Fibonacci crea la caracola, una expresión en la naturaleza de la espiral.

 

Ejemplos en la naturaleza, la que la flor del girasol tiene veintiuna espirales que van en una dirección y treinta y cuatro que van en la otra; ambos son números consecutivos de Fibonacci. La parte externa de una piña piñonera tiene espirales que van en sentido de las manecillas del reloj y otras que lo hacen en sentido contrario, y la proporción entre el número de unas y otras espirales tiene valores secuenciales de Fibonacci. En las elegantes curvas de una concha de nautilus, cada nueva circunvolución completa cumplirá una proporción de 1: 1,618, si se compara con la distancia desde el centro de la espiral precedente.

Otro camino geométrico que representa la belleza matemática y perfecta de la naturaleza, y que construye también la caracola o espiral es el caracol de Pitágoras, figura geométrica construida con las raíces cuadradas de totalidades consecutivas.

 

Su construcción parte por un triángulo rectángulo isósceles, con lados con medida, para luego a partir de la hipotenusa del primer triángulo rectángulo, ir construyendo sucesivos triángulos rectángulos, siendo uno de los lados del ángulo recto la hipotenusa del triángulo anterior, y el otro lado con la medida 1, cerrando el triángulo con la nueva hipotenusa. Así se construye la siguiente figura

La caracola en la cultura maya

Otra fuente en la que surge la representación de la perfección de la naturaleza en la caracola, es en la cultura maya.

 

Ellos, en vez del sistema decimal (base diez) emplearon un sistema vigesimal (base veinte) con el cual pudieron registrar grandes cifras y realizar cálculos con mayor facilidad que los europeos de su tiempo. El sistema emplea dos símbolos para su representación. La unidad o uno es representada con un punto, y el cinco con una línea. Y sumado a esto, el símbolo que encierra una revolución en el mundo de las matemáticas fue un caracol que representaba al número cero. Ninguna civilización del planeta hasta entonces había dado representación numérica al cero. Los mayas lo hicieron. Aquí tenemos el sistema numérico maya del 1 al 19, con el caracol o caracola que representa el cero.

 

Sus fundamentos matemáticos darían lugar al estudio del cosmos y en sus calendarios que nos maravillan hoy. Las matemáticas y las leyes del universo están también vinculadas a la música. Y en ellas también las caracolas tienen una bella representación. Ellas han sido ocupadas por culturas antiguas como un instrumento musical de viento.

 

El dios Vishnú de los hinduistas sostiene un shankhá (caracola) en una de sus cuatro manos. En los templos de toda India se utilizan caracolas para comenzar y terminar las adoraciones a los murtis (deidades). La caracola se utiliza como trompeta en las islas del Pacífico y en regiones de Sudamérica y acompañan las danzas.

 

De niños nos han dicho que las caracolas guardan en su interior “el sonido del mar“. Así, uno puede escuchar las olas con un gesto tan simple como acercar la concha la oreja. El sonido en general se produce por la vibración de algo en un medio, como el aire o el agua. Por ejemplo, al vibrar cuerda de una guitarra, las moléculas de aire que están en contacto con ella también vibran.

En e la caracola cualquier influencia sonora a su alrededor contribuye a generar el sonido en su interior. Esto es muy hermoso como símbolo pues muestra la sensibilidad y receptividad de la caracola, capaz de recoger las energías del ambiente, y generar con ello sonidos armónicos. Sorprendentemente, en el cuerpo humano es el caracol de nuestro oído interno -una de las espirales más perfectas.

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